domingo, 15 de marzo de 2015

Y lo siento.

Nunca he sido amiga de la felicidad. Supongo que desde hace un tiempo, llevo sin conocerla.
Ya ni recuerdo como era.
Simples placebos en cada sonrisa. Las buenas noticias son buenas en los primeros segundos.
Pienso, y qué horror pensar.
Nunca se me ha dado bien entender, nunca he conseguido entenderme.
Cómo procurar que alguien sea capaz de hacerlo.

Cuántos intentos fallidos, cuántas palabras perdidas,
y cuántas clavadas; tan difíciles de olvidar...

Nadie ha podido nunca hacerme la mitad si quiera del daño que he llegado a hacerme yo misma.

Nunca podré quererme como lo hice en aquel entonces, y desde que ella dejó de hacerlo no he vuelto... No puedo confiar en nadie, ni si quiera en mí misma,
y yo que lo siento.
Miro con desprecio a mi sombra; el mismo con el que miro al espejo.

Probablemente acabe haciendo daño, sí...
Eso es lo único en lo que pienso,
lo único a lo que temo es a hacer daño a los demás
(a él)
y no a mí misma.

No confío, es cierto, no puedo hacerlo. Y lo siento...
"No es por ti, es por mí", demasiado típico, y resuena en mí... Pero esta vez es cierto

Y aquí seguiré, sin embargo, por necesidad de aferrarme a algo, incluso sabiendo que resulta enfermizo para ambos. Lo siento por ti, mi Apolo, porque lo que es a mí hace tiempo que me he perdido. Lo siento porque, por enferma que esté y mucho que lo odie
que me odie
lo último que quiero ahora
a pesar de los placebos
del desprecio a mi sombra y al espejo
de no confiar
lo último que quiero es tener que decir, una vez más
adiós.

No hay comentarios:

Publicar un comentario