miércoles, 7 de marzo de 2012

Make that change.

Tras una media hora haciendo zapping, viendo no más que tragedias a rasgos mundiales, apagué la televisión.
- Quisiera hacer cambiar todo eso... - Pensé. - Algún día conseguiré cambiar la mente pecadora.
Cerré los ojos y, al abrirlos, allí estaba, delante mía, en mi propio salón. Mirándome a los ojos me tendió la mano y me pidió que le acompañase. 
Lo que aquel extraño hombre quería que viese no era nada desconocido para mí: se trataba de mi vida. Mi triste vida. Me vi a mí mismo levantarme legañoso hasta la solitaria cocina. Vi como, tras asearme sin ninguna compañía más que la del sonido del agua que caía en cascada desde el grifo, abotonaba el último de los botones de mi desalineada camisa, cogía mi material de trabajo y salía de casa, eso sí, con la misma cara depresiva de cada día.
Luego de observar todo aquello, el hombre me dirigió al espejo que se encuentra en el vestíbulo, si es que pudiese ser así llamado.
- Dime, Daniel, ¿qué es lo que ves en este espejo?
- A un hombre... A mí mismo.
- No, Daniel, profundiza... ¿Qué es lo que ves?
Tras observar mi imagen allí reflejada durante unos instantes, suspiré para luego contestar:
- Un complejo tras otro. Veo una inseguridad tras otra que me impide ser yo mismo.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro de que podrás cambiar algo ajeno a ti, si no consigues siquiera estar seguro de ti mismo? Si realmente quieres hacer del mundo un lugar mejor, mira al hombre del espejo; observa a ese hombre. Si realmente quieres cambiar algo, mira primero en tu interior y luego hazlo cambiar.

Cuando abrí los ojos me encontré en el sofá de mi salón, con el mando a distancia en la mano. Me froté los ojos y me dirigí a aquel espejo frente al que había encontrado la solución a mi vida y, observando mi reflejo, susurré: ''hazlo cambiar''.

- Iruka J.~

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